La fórmula preferida del profesor, Yoko Ogawa

 

 

Vive la literatura japonesa un momento de esplendor. El gusto por lo asiático se ha extendido a sus novelas, que encabezadas por las del rey Midas Haruki Murakami y con una pléyade de escoltas como Banana Yoshimoto, Kenzaburo Oé y otros muchos han conseguido destacarse entre las listas de los más vendidos. De momento su mayor logro ha sido ése, el tiempo dirá si el esplendor nipón ha sido flor de un día o literatura para la posteridad.

 

Entre las novedades que nos llegan, destaca ésta de Yoko Ogawa, convertida en un filón de ventas en el país asiático, que ha disfrutado de la novela en CD, en cómic en incluso en forma de película. La novela, “contada con la belleza sencilla y verdadera de un larguísimo haiku”, como nos dicen en la contraportada, nos cuenta las peripecias de una asistenta que un día llega a la casa de un profesor de matemáticas con un problema mnemotécnico. El buen hacer de la señora y el de su hijo convertirán con el paso de los días al hosco anciano en un ser amable capaz de descubrir la belleza de la amistad. La novela es precisamente eso, un canto al amor, a los amigos, a través en este caso de las matemáticas, que con los consabidos problemas de traducción (Había convertido un craso error, más bien un fatídico error) gustará en estos días de tanto calor.

 

28 = 1 + 2 + 4 + 7 + 14

2 responses to “La fórmula preferida del profesor, Yoko Ogawa

  1. He llegit aquest llibre fa poc, en mig de la calor de l’estiu, i he de dir que és molt resomanable.

    Sabia que estava editat en c+omic, però no l’he trobat enlloc; supose que a Espanya no s’ha editat

  2. Una madre soltera con un hijo de 10 años despierto y sensible asiste a un anciano solitario y enfermo con la memoria debilitada. Una historia con todas las papeletas para convertirse en sensiblera y pringosa que, sin embargo, es convertida sabiamente por la escritora en un homenaje convincente a la amistad, la generosidad y la preocupación por los demás.

    Lo que realmente nos hace felices está al alcance de la mano, parece decirnos, y no tiene nada que ver con las posesiones sino con descubrir al otro y darnos. Y esto se cuenta de una manera amable, sencilla y positiva.

    Pasan pocas cosas pero no aburre en ningún momento. Hay detalles de matemáticas, pero bien traídos y sin ofuscar al no especialista. El anciano tiene una autonomía de memoria de 80 minutos y se pega papeles en la chaqueta (si han visto Memento, de Christopher Nolan, pues eso), pero el amor puede traspasar hasta esa limitación, el amor de su juventud o el afecto por un niño.

    Un libro que recomiendo sin ninguna reserva.

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