
Vive la literatura japonesa un momento de esplendor. El gusto por lo asiático se ha extendido a sus novelas, que encabezadas por las del rey Midas Haruki Murakami y con una pléyade de escoltas como Banana Yoshimoto, Kenzaburo Oé y otros muchos han conseguido destacarse entre las listas de los más vendidos. De momento su mayor logro ha sido ése, el tiempo dirá si el esplendor nipón ha sido flor de un día o literatura para la posteridad.
Entre las novedades que nos llegan, destaca ésta de Yoko Ogawa, convertida en un filón de ventas en el país asiático, que ha disfrutado de la novela en CD, en cómic en incluso en forma de película. La novela, “contada con la belleza sencilla y verdadera de un larguísimo haiku”, como nos dicen en la contraportada, nos cuenta las peripecias de una asistenta que un día llega a la casa de un profesor de matemáticas con un problema mnemotécnico. El buen hacer de la señora y el de su hijo convertirán con el paso de los días al hosco anciano en un ser amable capaz de descubrir la belleza de la amistad. La novela es precisamente eso, un canto al amor, a los amigos, a través en este caso de las matemáticas, que con los consabidos problemas de traducción (Había convertido un craso error, más bien un fatídico error) gustará en estos días de tanto calor.
28 = 1 + 2 + 4 + 7 + 14